• Alejandro Ramírez

Parar está bien

Comienza el 2022, el año del cambio en Colombia, y muchos están fijándose sus propósitos, pues este será el año que la pandemia dejará de ser un tema que nos preocupe y otros temas encabezarán la conversación. Una maestría, comprar una casa o carro, asistir a los muchos conciertos y festivales increíbles que tendrá el país en el 2022, hacer el viaje soñado, entre otros, son algunos de los que he escuchado. Con esta entrada, les contaré mi propósito central para este año: parar.


Así es, voy a parar todos los procesos profesionales y personales que vienen corriendo en mi vida para tomarme un receso, que suena a uno para recargar baterías y retomarlos, pero no corresponde necesariamente a esto y va mucho más allá, parar tiene como objetivo fijarme un nuevo proyecto personal. Haciendo un proceso de reflexión desde comienzos del 2021 de lo que había sido mi vida, pasando por varias fases, llegué a una conclusión y es que, si bien muchos de los aspectos de la misma se encontraban muy estables en ese momento, no me estaba sintiendo cómodo a nivel personal y profesional.


A nivel laboral, me he venido desempeñando en los últimos años como analista de datos, y, a pesar de ser un área prometedora actualmente, no es algo que me apasione de verdad, además, le encontré muchas contradicciones e incluso inutilidades que requerirían una entrada completa para analizarlas. Además de las áreas de datos, tengo un trabajo que me apasiona un montón como Mentor en Crehana, una de las plataformas de aprendizaje virtual más grandes de Latinoamérica, el cuál me ha dado la oportunidad de interactuar con +4000 estudiantes de muchos países, y el cuál será uno que no pienso detener durante este periodo, pues es un trabajo flexible, no requiere presencialidad, sólo necesita una conexión a internet, y se ajusta bien a lo que haré mientras paro mi proceso profesional, y por qué no, me da una idea de cómo quisiera transformarme profesionalmente a partir de eso que me gusta.


A nivel personal, considero que entré en una espiral cómoda que, en el largo plazo, me impediría crecer y aprender al ritmo que lo he hecho en años previos cuando estaba en la universidad o cuando ejercía profesionalmente en otros. ¿Cuál es esa espiral cómoda? Una rutina de trabajo (que se rompió a ratos con el tema de la alternancia, de la que hablé en una entrada anterior), hacer vida social en los ratos libres, viajar de vez en cuándo, y listo. Suena atractivo para muchas personas que no cuentan con dicha rutina, pero, como todas las rutinas, llegan a agotar y a estancarte. Precisamente en ese estanco en que me sentí fue que vi la necesidad de romper con esa rutina, contagiarme de diferentes personas y diferentes sitios que me contribuyeran a mi crecimiento personal, para volver a sentir lo fascinante que es despertarse todos los días en la incertidumbre.


¿Parar está bien? En mi caso, no solo está muy bien, sino que es algo que le recomiendo a todos, sobre todo a las y los más jóvenes que están leyendo esta entrada, pues es en esta etapa donde se pueden asumir más riesgos. Para está bien porque brinda las herramientas necesarias para enfrentar cualquier situación de incertidumbre que se presente (porque de seguro que se van a presentar en la vida de todos). Parar está bien ya que se vuelve un escenario incómodo, donde se aprende más, donde los retos son mayores, los fracasos muchos y las satisfacciones se viven con más profundidad. Quiero parar precisamente para eso, para seguir adelante, para conocerme y entender cuales pueden ser esos proyectos personales que me apasionan y que quiero explotar desde ya.


¿Y cómo voy a parar este año? Con lo que más me gusta, un viaje. Arrancaré este 26 de enero en la madrugada hacía Cancún y la Riviera Maya, a bucear tres días en uno de los sitios predilectos para buzos de todos niveles en el mundo. En febrero viajaré a Europa, a recorrerla en tren por varios países y sitios, algunos planeados y muchos otros que espero encontrar durante el camino, contagiándome de la vibra de viajar como mochilero, conociendo a todo tipo de personas y reencontrándome con buenas amistades. En abril, haré un salto hacia lo desconocido, que nunca me imaginé y que significa un reto gigante: Asia, en donde pasaré mis días viajando entre Tailandia, Singapur e Indonesia, con el objetivo de llegar a Nueva Zelanda a reencontrarme con mi hermana y su familia. Esperemos que la pandemia, los gobiernos y los anti-vacunas no se atraviesen en el camino.


Todos quedan invitados, pues a través de mis redes sociales y esta comunidad de elrami.com les estaré compartiendo las cosas más importantes que vaya viviendo de esta aventura. Gracias desde ya por acompañarme.

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