• Alejandro Ramírez

¿Por qué nos estamos matando de nuevo?

Desde el 11 de agosto en Colombia, han ocurrido seis masacres, tres de ellas en menos de 24 horas. El presidente Duque, en vez de dar respuesta inmediata a la gente que llora sus muertos, nos inunda con su acostumbrado libreto de Twitter: “He dado instrucciones …”, “Expresamos nuestro sentimiento de solidaridad…”, “Nos duelen los muertos…”. Lo más cínico de todo, es la decisión de Iván Duque de priorizar en su agenda pública la defensa a ultranza de Álvaro Uribe, por encima de hacer presencia en las zonas del país que lo necesitan con urgencia. Con esto, el presidente nos demuestra, nuevamente, su incapacidad para gobernar este país. Que no nos sorprenda su pronta visita a El Ubérrimo para rodear a su padrino político. Pero bueno, no se le puede achacar el 100 % de culpa al gobierno actual (Aunque con esta reflexión yo espero hacerte caer en cuenta que el gobierno actual podría hacer mucho más por evitar esta ola de violencia). Estas masacres son un reflejo histórico de lo débil que Colombia es en su estructura institucional, y de un histórico de políticas ineficientes que buscan hacer quedar bien al país de puertas para afuera, pero que no tienen ningún efecto positivo a largo plazo de puertas para adentro ¿Por qué nos estamos matando de nuevo?

Empecemos con los lugares de los hechos. Cauca, Nariño, y en menor medida el Valle del Cauca, están inundados de cultivos de coca. Para nadie es un secreto que estos cultivos están ligados a poblaciones con niveles altos de vulnerabilidad. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en los municipios con cultivos de coca, los niveles de pobreza son mayores al 30 %, las tasas de analfabetismo superiores al 11 % y la cobertura de servicios básicos tan sólo cubre un escaso 54 %. No se equivocaba Emilio Archila en 2019 al afirmar en Catatumbo lo siguiente: “Las vías terciarias asustan a la coca: a mayor inversión en los territorios, menos economías ilegales”. En el caso de Arauca, la situación es diferente. Este departamento ha sido un ejemplo de sustitución voluntaria de cultivos, sin embargo, su cercanía a Norte de Santander (Que también está inundado de coca), su frontera con Venezuela y la fuerte presencia del ELN en la zona, lo han llenado de violencia en los últimos años.

Densidad de cultivos de coca en Colombia, 2019 (Fuente: Naciones Unidas para la Droga y el Delito)

Fuente: UNODC (2019)


Durante los años más fuertes del Plan Colombia con Estados Unidos, en los gobiernos Uribe I y II, la coca estaba disparada en el país. Por esta razón, inundaron el campo con aspersiones aéreas de glifosato (El cuál es cancerígeno, según la OMS), obteniendo buenos resultados en la reducción de áreas cultivadas (De 145 mil hectáreas en 2001 a 48 mil en 2012) a costa de unos incipientes resultados en el agro. La mano dura con la erradicación en el gobierno de ese entonces, mezclado con una incipiente intención de llevar proyectos de sustitución de cultivos ilícitos al campo, provocaron que, una vez la aspersión aérea fuera suspendida en el 2015 por sentencia de la Corte Constitucional, el cultivo de coca se dispara a las 171 mil hectáreas que la UNODC reportó en 2017 en Colombia, siendo este el pico más alto en los últimos 20 años. Casualmente, al PIB agrícola le ha ido mejor sin glifosato, teniendo mejores resultados en los últimos años (La desmovilización de la guerrilla de las FARC también contribuyó a este mejor desempeño).

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del DANE.

¿Qué pasaba en los municipios que fueron noticia en estos días a causa de las masacres? Al igual que hoy, andaban inundados de coca. Según la UNODC, Nariño, Cauca, Putumayo, Norte de Santander, Caquetá y Antioquia han sido territorios afectados permanente o temporalmente por cultivos de coca. En contraste, los índices de necesidades básicas insatisfechas de estos municipios han disminuido a un ritmo menor del promedio nacional. En el peor de los casos, los índices aumentan, mostrando así la vulnerabilidad a la que están sujetos estos municipios frente a los cultivos de coca y la violencia como forma de control del territorio.

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del DANE.


La coca es la razón común del por qué nos seguimos matando. Las alternativas para frenar el crecimiento desbordado de su cultivo en Colombia son muchas y muy variadas. Ya se ha demostrado que la guerra no funciona para acabarla. La sustitución, acompañada de proyectos de cara a las regiones (Sobre todo a las más afectadas como Nariño, Cauca y Norte de Santander), y una apuesta por el desarrollo del agro en el país, constituye una alternativa de cambio. La oportunidad que representan los Acuerdos de Paz de La Habana entre el gobierno colombiano y la extinta guerrilla de las FARC, convertida hoy en partido político, podrían llegar a ser esa hoja de ruta. Mientras tanto, el gobierno de Iván Duque está empecinado en traer de nuevo la guerra al centro de la política pública del país con su discursiva. Hoy, la coca nos cuesta la vida de cientos de colombianos, mañana serán muchas más vidas si la persona que lidera el país insiste en hacerse el de la vista gorda frente a esta oportunidad histórica de cambio.

Mientras el país (Y nuestro presidente) despierta, Cristian y Maicol ya no se van a graduar del colegio como lo anhelaban, así como Óscar y Laura no lo harán de la Universidad, la señora Rubi jamás podrá superar el hecho de encontrar en un caño a su hijo y su combo de amigos asesinados y degollados con sevicia, y el señor Óscar vio ir, pero jamás regresar, a sus dos hijos. Familias, amigos y comunidades lloran a sus muertos. Después de 55 años de conflicto armado, millones de muertos, desplazados y víctimas ¿Por qué nos seguimos matando?

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