Vivir intensamente
- Alejandro Ramírez

- 4 abr
- 4 min de lectura
Los therians fueron una conversación agitada en redes sociales hace un tiempo. No me voy a poner en la tarea de describir lo que pienso de esto, pero me sorprendió que, en todos los círculos sociales escuché algún comentario acerca de lo mismo, sea hecho con indignación, con risa, con ironía, pero lo importante era estar en la conversación, y no saber del tema constituía un factor de exclusión. ¿En serio no hay nada más de qué hablar?
Después de varios meses, he tratado de volver a las redes sociales de a poco. Ingreso un momento a Instagram, reviso un par de historias, publicaciones, mato un par de curiosidades y ahí me retiro. No he empezado a responder mensajes ni revisar los reels que me mandan o que salen al azar. Esta dinámica me ha hecho reflexionar en algo: el contenido de las redes sociales es muy bueno, porque para verse bien en Instagram y despertar la curiosidad -y envidia- ajena es muy fácil. Pero, el contenido de redes, para mí, no está contando ninguna historia, como cada usuario quiere mostrar, todo lo contrario, está intentando venderte algo.
Navego, navego y me topo con mucho contenido similar, como una foto en un aeropuerto o en un avión, saliendo o llegando a un grupo de destinos que se han vuelto cotidianos, ya sea en una playa, una montaña o una ciudad. Cuando no es una foto en el aeropuerto, es una publicación en tiempo real de alguna actividad social, generalmente visitando un restaurante, un bar, un concierto, un festival, o haciendo algún deporte, en las oficinas de los trabajos, y más.
Es curioso como la vida personal va gravitando alrededor del vivir intensamente una vida llena de experiencias diversas, que está alejado del vivir bien o el vivir sabroso. Este vivir intensamente lo veo como una rutina encadenada a una lista interminable de actividades que se deben estar haciendo, el no estar involucrado en estas actividades, si bien no significa estar arriesgándose a un veto público, al igual que lo que comenté de los therians, esto resulta siendo un factor de exclusión social, derivado en una sensación personal de estar perdiéndose algo, el famoso FOMO. Ese es el mensaje que las redes intentan vender, con muy buenos resultados y de maneras muy creativas, le doy crédito a Instagram por su buen trabajo en consolidar la idea del vivir intensamente.
No, no hay otra manera de vivir la vida. Según las redes, estar en la casa, como yo estoy al momento de hacer estas reflexiones, no es un plan viable para el vivir intensamente. La vida llena de experiencias permite construir una historia personal que sea auténtica y que valga la pena contarle a los demás. Sin embargo, si el vivir intensamente de redes pasa por una lista de actividades que se deben hacer para cumplir el objetivo, no entiendo qué tipo de historia auténtica se puede contar, si los perfiles de Instagram de todos se empiezan a ver muy parecidos, a pesar del multicolor, en este punto de reflexión, valdría hacerse la pregunta, ¿qué tan similares son mis experiencias frente a las de los demás?
Alex Murrell, un blogger británico de internet, escribió The age of average, un recuento de cómo los interiores de las casas, las cafeterías, los restaurantes, los edificios, los carros, los logos, las marcas, las películas, los libros, y muchas más cosas, empiezan a verse iguales, pues en tiempos de mucha turbulencia, lo que resulta familiar se vuelve seguro, y también la inspiración comienza a ser globalizada. Esto no es una simple analogía, es una investigación estadística realizada con profundidad, sobre todo alrededor del tema inmobiliario, pero esos principios se podrían extrapolar a todo lo demás.
Byung-Chul Han, el filósofo surcoreano al que me he referido antes tiene un ensayo llamado La crisis de la narración, donde hace una exploración de como la narración como forma de generar identidad y comunidad a partir de historias, ha sido reemplazada por un concepto que puede ser similar pero que tiene un efecto contrario: el storytelling, una técnica de comunicación muy efectiva para convencer, pero que carece de esa fuerza que conecta y crea comunidad. El storytelling cuenta relatos llenos de emociones que al final buscan vender. Basta con ir a alguna capacitación de mercadeo o de ventas para darse cuenta de que el storytelling es una técnica usada ampliamente, Byung-Chul Han lo rebautiza como el storyselling. En LinkedIn se puede constatar, pues muchas de las publicaciones allí son historias pobremente narradas que apelan a las emociones de felicidad, optimismo y satisfacción con base en el triunfo laboral y empresarial.
Considero que la inteligencia artificial va a ser en unos años una piedra en el zapato de todos los creadores de contenido, sean grandes o sean pequeños, y los que cuentan historias que encajan dentro del vivir intensamente van a ser fácilmente reemplazables a un costo mucho más bajo. Así es el juego del capitalismo.
Me gusta la rebeldía, y por eso me conecto con el contenido en redes que se sale del molde del vivir intensamente, esa gente que no le teme a ser real y exponerse ante miles, que no tienen ningún interés en recomendarle cosas a uno o diseñar listados de actividades que se deban estar haciendo para combatir el tan temido FOMO, que son coherentes con su propósito y sus narrativas gravitan alrededor de ese mensaje que quieren dar. Vivir intensamente como una narrativa ajena no debería ser el propósito de cada uno, basta con vivir como a uno se le de la gana.



Comentarios